Cafetera o café, que es más importante.

Ya me decía y me sigue diciendo mi hijo que lo mío es de urgencias de hospital, pero también es verdad que las ideas y las manías no se pueden intervenir en un quirófano.

Uno, sin más, de forma automática cada mañana preparaba la cafetera, la ponía al fuego y unos minutos después iba a la cocina y se encontraba con el café preparado. Lo tomaba en un santiamén y corriendo a coger el coche y a ponerme de camino al trabajo de cada día.

Así, todos los días lo mismo. He dicho que de momento lo llamaría café porque ahora me doy cuenta de el tipo de brebaje que me preparaba, del ataque que representaba para las células de la mucosa estomacal y de la protesta de las mismas en forma de acidez  durante toda la mañana, hasta que les hacía llegar alguna otra cosa que era de su agrado.

Unas veces, las menos, estaba en la cocina para apagar el fuego en cuanto la cafetera me avisaba, con ese sonido tan característico, de que el agua había subido pasando por el café y extrayendo lo que había que extraer. Otras veces no me enteraba y el café acababa hirviendo en la parte superior de la cafetera y la goma de la junta completamente achicharrada.

A media mañana tocaba un descanso en el trabajo que equivalía a una breve salida a la cafetería más cerca a tomar el segundo café del día, normalmente un cortado tipo valenciano que equivale a un pequeño café con leche en Madrid.

Lo siento por el del bar, normalmente eran cafés que no se podían tomar solos, un verdadero ataque para las células de las papilas gustativas y para el resto de las del sistema digestivo.

Por fin, después de muchos años me he dado cuenta de que en este país nuestro tomamos café de muy mala calidad y de que para degustar un buen café no hace falta tomarse un “espresso” sino un café bien hecho y con materia prima de buena calidad.

Nada importa que tengamos la mejor cafetera de todas, la más automática, la mas “guay”. Si no usamos buen café, tomaremos un brebaje malo.

En otra entrada daré un repaso a todas las cafeteras que he coleccionado en los últimos años de mi vida y con las que he ido experimentando.

 

José Emilio

 

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